HUNGER, el hambre como arma y como grito.

Por Rosario Puga @ladiosaodiosa2

“En Hunger no hay nociones simplistas de “héroe”,“martir” o “victima”. Mi intención es provocar el debate en la audiencia, retar nuestra propia moral a través del film”.  Steve McQueen

Quizás nadie lo recuerde, yo todavía no me lo explico pero en plena dictadura, aquí en Chile un periódico oficialista publicó los diarios del militante del IRA Bobby Sands, que murió de hambre en 1981 en una cárcel inglesa en el norte de Irlanda o en Irlanda del Norte para ser más modernos. Esa misma gesta es narrada en HUNGER del cineasta británico Steve McQueen.

El suplemento dominical de El Mercurio, que en esa época dirigía Alberto Ganderats, público íntegro el testimonio de su agonía. Imagino que los editores pensaron que el relato era disuasivo para cualquiera que quisiera pensar en esas formas de lucha en el Chile de Pinochet.

Lo leí y no solía leer el diario en su conjunto pero cuando llegó a mis manos fue como mirar por una pequeña grieta hacia el espacio exterior.  Se trataba de un trozo de la historia de la época de la que la dictadura nos aislaba. El relato contenía ecos sobre ese siniestro personaje llamada la dama de hierro,  una de las pocas figuras políticas mundiales que se vinculaba públicamente con el dictador nacional. Además entregaba coordenadas sobre la lucha armada del nacionalismo irlandés del que sabíamos muy poco.

Sin embargo, lo más impresionante de la escritura de Bobby Sands era su esfuerzo por mantener la lucidez, el fatigante trabajo de dar sentido político a su inmolación. Obviamente era impactante el relato en paralelo del deterioro del cuerpo por efecto del hambre pero había un tremendo esfuerzo por entregar claves más allá del heroísmo personal.  Esas mismas clave son desarrollada en HUNGER.

Con los años en los sucesivos cambios de casa perdí los recortes de diario pero nunca olvide el gesto extremo de desobediencia que dominaba en el calvario del militante de IRA. Era la conversión del cuerpo en la más extrema rebeldía, era la continuidad de la lucha desde la soledad del confinamiento. No pretendo hacer una apología de “todas las formas de lucha” que revindicaba el ejército republicano irlandés pero para comprenderlo es necesario entender que la resistencia es una condición de sobre vivencia y la huelga de hambre una forma de representación del exterminio que la privación de libertad significa.  Ese nivel de interpretación está marcado por la externalidad de la mirada y la lectura del testimonio de Sands , quien en la medida de lo físicamente posible describe las sucesivas transformaciones de su cuerpo por la falta de alimento, tal vez es insuficiente para describir el sentido político del gesto de sacrificio pero explica al hombre , una cuestión no menor.

Tal vez como forma de lucha la huelga de hambre supone en el huelguista la firme convicción de que no lo dejaran morir, tal vez. Pero en el caso de los activistas del IRA la suerte estaba echada.  La Thatcher nunca cedió a las demandas referidas al régimen carcelario. Se le iba la vida en no darles estatuto de prisioneros de guerra. Se trataba de la opción de hacer del encierro una forma de tortura y de castigo permanente.Tal vez esa decisión la persiguió en sus años de chochez, cuando perdió las facultades mentales en un proceso parecido al que provoca la no ingesta de nutrientes, quien sabe…  Han pasado 30 años y la pregunta se vuelve vigente en otros escenarios. Los diez que murieron junto a Sands no vieron cambiar la historia pero lo cierto es que sus muertes marcaron una derrota transitoria.

En ese contexto surge HUNGER del realizador británico Steve McQueen. El film narra de una manera enteramente nueva la historia de Bobby Sands.   Se trata una película excepcional, no sólo por la calidad de su puesta en escena sino por la óptica profundamente política que propone.

El trabajo de McQueen se instala en el cruce de las performance audiovisuales y el desarrollo de historias de formato narrativo más extendido.  En Hunger continua con la propuesta de poner el cuerpo en el centro de la representación, algo que ya había hecho en sus exitosas instalaciones que relatan cuerpos disimiles, dispuestos en el espacio para la contemplación de diferentes dinámicas. En este caso  se trata de la conversión del cuerpo en arma de lucha.

El relato  tiene tres líneas narrativas, todas organizadas desde la representación de los cuerpos en lucha. La narración multiplica las perspectivas poniendo la huelga de hambre como resultado de una escalada que primero tuvo los desechos biológicos y la desnudez como herramienta. Además incluye la tragedia de los carceleros que se vuelven blancos de la lucha armada en la misma medida que extreman el castigo a los prisioneros.

La genialidad del film esta en la frontalidad con que encara cada uno de los tópicos.  En su construcción visual no hay nada de apología o visiones moralizantes,  nos obliga a ver es el choque de los cuerpos como expresión esencial de toda la lucha.  Por supuesto que los resultados están determinados por el notable desempeño del elenco, en el que sobre sale el protagonista interpretado por Michael Fassbender , quien da cuenta de su extraordinario talento en todo el film y especialmente en la secuencia de diálogo con el sacerdote donde perfila su determinación de ir a la huelga final. En esa secuencia Mcqueen opta por una cámara frontal que nos obliga literalmente a ser testigos.

En toda la pleícula la composición visual es muy limpia y juega con fondos blancos y colores fríos, al servicio del centro de los cuerpos en la textura del infierno carcelario.Obviamente al realizador le interesa el hombre pero también le resulta determinante el discurso sobre la pertenencia que gatilla el fin. Sands es finalmente un soldado y su adhesión a la causa independentista puede ser tildada de fanatismo pero hay una reivindicación de la porfiada pureza de la pasión por su tierra.

La reflexión propuesta en esta dolorosa y magistral película adquiere una dramática vigencia por razones obvias y porque la lucha por la tierra y la libertad esta pulsando entre nosotros. Hoy más que nunca tenemos necesidad de reflexionar sobre el móvil de los “combatientes” porque hemos aprendido amargamente que aquello de “todas las formas de lucha” debe ser discutido, históricamente discutido.

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