Por Rosario Puga
Siempre en tiempos de crisis económica el cine es el encargado dar las bases de un optimismo tecnológico que mantenga la moral alta y la fe en el progreso a máxima intensidad. En la crisis actual el fenómeno está asociado a la técnica 3D y los efectos digitales, que han dotado a la cinematografía actual de una capacidad para crear espejismo que supera todo lo conocido.
La paradoja es que la revolución digital viene acompañada de una cantidad insólita de remakes y de segundas partes que hablan por sí mismas de una fuerte crisis de creatividad.Pero no me voy a referir a eso, me interesa preguntar hasta que punto estas técnicas aportan a la creación de nuevas creatividades y nuevos campos narrativos.
La respuesta puede parecer obvia por ejemplo en el cine de animación pero también esta presente en otros géneros como el cine de terror, el de acción o el de ciencia ficción donde el despliegue del recurso tecnológico está generando verdaderos laberintos de rebuscada pirotecnia sin abrir nuevos campos narrativos. La pregunta se hace aún más pertinente cuando el impacto de los “modos” digitales está reestructurando la lógica del relato.Para explicarlo voy a usar El reino secreto dirigido por el laureado director Chris Wedge.